Archivo de la categoría: Fundación Eduardo Bonnín Aguiló

La Amistad XVII. La intimidad y sus niveles

 

Eduardo Bonnín AguilóEduardo Bonnin
Francisco Forteza
EVIDENCIAS OLVIDADAS
Cursillos de Cristiandad
Edición 1999
Barcelona – España – Europa

La amistad es la cota más alta a que ha llegado el hombre. Cuando la amistad es químicamente pura, extensión de pura gratituidad, magnetiza y fascina. Aunque casi todo el mundo se mueve por interés, sin saberlo, lo que le interesa de los dos, en el fondo, es el desinterés.

Alguien ha dicho que la quinta esencia de la amistad podría resumirse en la doble afirmación de «estoy contento de que existas; el mundo es más bello porque existes tú».

La amistad es procurar, hacer posible la libertad del otro.

Aceptar al otro como es, en toda su globalidad, sin sectorizar el concepto que tengamos de él, ni pormenorizarlo, inventariando sus carencias, sus cualidades concretas, su posición. Y ello precisamente porque la amistad exige un respeto profundo del campo de lucha del otro, del escenario interior donde se producen las concretas batallas en que uno tiene que luchas solo. La ayuda que se puede prestar al amigo no puede ser a base de dar soluciones y respuestas, ni reprimendas «cariñosas» -pero al fin y al cabo «reprimendas»-, que, aún más si se saben fruto de una auténtica amistad, pueden llegar a aturdirle.

La confidencia tiene que ser recibida con respeto, como un gran regalo, y por tanto con sincero y asombrado reconocimiento, con unción atenta y desvelada atención, con ilusión.

Ahora bien, la amistad supone la clara noción de que existen distintos niveles de intimidad:

  • De un tú a otro tú.
  • De un tú a un nosotros.
  • De un nosotros a un nosotros.
  • De un nosotros a un vosotros.

En todos estos niveles, y muy especialmente en el nivel del tú a tú -que es el más importante y genuino, y cuya existencia es lo que da sentido y razón a los demás niveles- la amistad cristaliza mediante un proceso.

Este proceso, si bien tiene en todos los casos unas características comunes, en cada ocasión sigue estadios y ritmos diferentes, ya que todos ellos, en la ruta hacia su finalidad, manifiestan la radical originalidad de lo nuevo, así como la novedosa creatividad de lo que se estrena, y una visión al futuro de lo que pueda ser.

La primera característica común a estos procesos de amistad es abrir brechas en la muralla de los mutuos prejuicios, «roles» y estereotipos, con los que -casi siempre inconscientemente- se ha etiquetado al otro. Las circunstancias acumuladas que siempre recubren y encubren la estructura vital del hombre, seguirán, aunque cada vez en menor medida, influyendo negativamente en la relación, hasta que ésta reciba al verdadero sentido del otro, que es su capacidad activa de amar y de ser amado.

Otra nota característica de los procesos de amistad es la importancia del impacto que produce en ambos el primer encuentro. Si en ese primer encuentro se produce una corriente de mutua admiración, la progresividad de esta corriente acelera todo el proceso. En cambio, si no se produce esta «chispa» inicial, el proceso suele ser más lento, y sólo suelen remontarlo cuando al menos uno de ellos se encuentra en disposición de conectar con la zona admirable que siempre tiene la genuidad del otro. Pero toda relación auténtica de amistad acaba basándose y vitalizándose en una convergencia de admiraciones.

Otra característica muy frecuente en los procesos de amistad, es que unas veces al iniciarse y otras más tarde, tiende a centrarse la comunicación con el otro en «lo suyo» y «los suyos», más que en él mismo, lo que se agrava si coincide con que «el otro», a su vez está pendiente de «lo mío» y «los míos», y no centrado en un eje integrador y dinámico. Singularmente cuando a uno le ha sucedido algo destacable, que seguro vale la pena contar, es frecuente que lo cuente y recuente tantas veces que tome el sesgo de una presunción, en lugar de ser una comunicación.

Finalmente destacaríamos como nota característica común a los diversos procesos de amistad, que en algún momento siempre suele interferir o intentar interferir en la relación amistosa alguna tercera persona que, de más o menos buena fe, desequilibra el ritmo del proceso quitando brillo a la admiración, unas veces por envidia, otras por celos y otras simplemente por paternalismo.

Aún superadas todas estas etapas, la amistad siempre es cultivo delicado, como una planta, que no puede hacerse crecer tirando de sus hojas; como una rosa, que sólo se abre a la luz y al calor que produce la dinámica del mismo proceso. La amistad es como una hucha que no debe romperse para ir a comprar una caja de cerillas.

La persona, para ejercer de tal, tiene que tener convicción y decisión. La convicción sola, produce teóricos. La sola decisión, imprudentes.

El hombre, la persona, se da siempre circunstanciada, si bien hay una corriente continua mutua y recíproca, de la circunstancia al hombre, y del hombre a la circunstancia. El hombre es influenciado por el hombre, y a otro, le influencia también él. Cuando entre dos personas se produce una corriente de amistad y de simpatía, la influencia es mucho mayor. La influencia de amigo a amigo puede encaminarse hacia el logro de ir consiguiendo esclarecer su convicción, con el fin de que sea más lúcida. Pero, en cambio, nunca es bueno que la influencia del amigo sea empleada para empujarle a una decisión, porque las consecuencias que se derivan de una decisión errada, van a caer todas sobre el que ha tomado la decisión, no sobre el que le forzó a tomarla.

La Amistad XVI. La Comunicación

Eduardo Bonnín Aguiló

Eduardo Bonnin
Francisco Forteza
EVIDENCIAS OLVIDADAS
Cursillos de Cristiandad
Edición 1999
Barcelona – España – Europa

La incomunicación entre los hombres -a pesar de que hoy estamos más «comunicados» que nunca-, es posiblemente una de las cosas que más anulan las potencialidades de la persona de nuestro tiempo.

Los convencionalismos, los perjuicios y los miedos nos condicionan tanto, que a veces parece que nos obligan a tener que simular y representar «papeles» que distorsionan, anulan o adulteran los sectores más valiosos de nuestra personalidad, y con ellos las posibilidades de enriquecerlos y enriquecernos como personas.

Quizá ya sólo el dolor genera la actitud de acercamiento a los demás. En caso de accidente o de una muerte, afortunadamente sigue siendo normal el que acudan muchos, aunque no siempre todos en actitud de amistad. Se cumple entonces aquello de que los amigos, o los que dicen serlo, son como la sangre, que acude siempre cuando se produce alguna herida.

La verdadera amistad no puede ser tan sólo para compartir las penas, sino también para gozarse en el gozo de sus alegrías, y de lo que es su causa: sus ilusiones, sus deseos, sus éxitos.

Así, de hecho, en nuestros días las formas habituales de relación entre los hombres se sitúan extramuros del Evangelio y el sentido común, configurando sistemas de comunicaciones e incomunicaciones, que identificamos como:

Relaciones de inhibición:

sin que los demás les importen, quieren que les soporten.

Relaciones de dominio:

cuando falta el autodominio, el hombre tiende a afirmarse dominando a los demás.

relaciones de manipulación:

utilizar al otro para lo que creemos que nos conviene, es desaprovechar la oportunidad de enriquecernos con sus verdaderos valores.

Relaciones de inmersión:

la falta de identidad personal nos impulsa a diluirnos en la inmediatez de sentimientos colectivos; preferimos ser voz de graderío que jugador eficaz en el equipo, y nos vaciamos en un esfuerzo agotador, que agota tanto el ingenio como el bolsillo.

Relaciones de sumisión;

a veces por pereza y a veces por cálculo del menor esfuerzo, se prefiere obedecer o imitar al «divo de turno», confirmándonos una vez más aquello de «bienaventurados nuestros imitadores, porque de ellos serán nuestros defectos»

relaciones de enfrentamiento:

existen quieres creen que sólo se afirman contradiciendo.

En cambio, en la perspectiva de quien cree en el hombre, siempre se sale ganando. Incluso en las meras relaciones de coexistencia, y hasta en el encuentro ocasional con el otro, se percibe y se experimenta una agradable, interesante y aprovechable oportunidad de encuentro, que o nos ilumina, o al menos nos obliga a interrogarnos.

También las relaciones de colaboración, para un fin concreto, se enriquecen, cuando las personas implicadas saben que este fin no es el fin; entonces lo que suele ser una relación fría y acartonada, toma una vía más sencilla y más diáfana, más abierta, y aún más eficaz.

El compañerismo es una forma de relación que, por ser de algún modo ya una amistad «especializada», es la vía más normal de conexión real entre las personas. Encontrarse periódicamente en un mismo lugar e irse manifestando cada uno como en realidad es, es ya de por sí una invitación a la amistad, aunque desgraciadamente se interpongan, no pocas veces, enojosos intereses de competitividad, cuando prima más el ser más que el ser mejor.

Todas estas formas de relación toman su verdadero sentido si son el prólogo, el medio y el cultivo de la amistad.

La relación de amistad es la forma genuinamente humana y genuinamente evangélica de comunicación entre los hombres. Es la misma forma que tiene Dios de relacionarse con el hombre, y la mejor que puede tener el hombre de relacionarse tanto con Dios como con las demás personas: comunicarse con el otro que es persona; no por sus cualidades concretas o su posición social, sino porque es él, porque es alguien.

Esto supone algo que, por desgracia, en bastantes ambientes es infrecuente: creer en el hombre.

Los Cursillos de Cristiandad por ser vida viva no caben en una definición definitiva que los limite y constriña

DEL LIBRO VOLVIENDO A LAS FUENTES, Alberto Monteagudo, Pág. 89 A 92
LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD
Eduardo Bonnín
Francisco Forteza

Los Cursillos de Cristiandad por ser vida viva no caben en una definición definitiva que los limite y constriña.

El mundo avanza y si bien la esencia y la mentalidad de los Cursillos de Cristiandad, por lo que tiene de Fundamental Cristiano permanece siempre vivo y actual; avivando y actualizando todo lo que se deja penetrar por su espíritu, no podemos dejar de notar que su mismo nombre: “Cristiandad”, suscita hoy comprensibles suspicacias. Sin duda cuadraría mejor con lo que se quiere conseguir y se va consiguiendo con ellos, llamándoles CURSILLOS DE CRISTIANÍA.

Se habla mucho de pastoral de misión y pastoral de cristiandad y el Movimiento de Cursillos, de seguro, responde mucho más a la denominación primera que a la segunda.

Es curioso que tanto protagonismo cambiador con que se ha pretendido complicar, adulterar, edulcorar, clericalizar, y tergiversar el Movimiento de Cursillos, desde su nacimiento, a nadie se le ha ocurrido que, precisamente es el nombre lo que debería ser cambiado, ya que, hoy por hoy, la palabra cristiandad no precisa ni da a entender lo que el Movimiento de Cursillo es, persigue y consigue.

El concepto Cristiandad da la sensación de ser todavía, porque muchas veces ha venido siéndolo, un condicionamiento previo, un marco pío que ha de enmarcarlo todo, aunque lo que más vale del hombre, que es su intención –el norte de su libertad- se quede fuera: por tradición, por costumbre, por haber sido ancestralmente así casi siempre, parece que lo único que cuenta en el paradigma de cristiandad es el comportamiento, aunque éste no responda a ninguna convicción. El comportamiento se tiene tan en cuenta que no pocas veces es el único dato en que se apoya la calificación de una persona.

Las manifestaciones masivas que reducen la participación de los creyentes a una mera asistencia de presencia pasiva, los actos con que se pretende dar oficialidad a lo cristiano, creando e impulsando estructuras cristianas sin contar con cristianos convencidos y decididos que autentifiquen con su actitud ante la vida su ser de cristianos, es edificar sobre arena. La cosmética apostólica en lugar de cubrir, descubre porque al fragor del mismo vivir, cae lo efímero y fugaz y permanece lo verdadero.

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad, para ser fiel a su carisma fundacional, ha de moverse en otra dirección, porque va por otra línea, pues una vez implantado en una diócesis y contando con un grupo de cristianos adictos a la Iglesia y seguidores de sus enseñanzas, éstos han de moverse en el sentido de ir logrando, por la vía de la oración confiada y la inquietud orientada, un acercamiento efectivo y cálido hacia las personas alejadas que no viven ni practican y que muy posiblemente, al tener noticia del mensaje cristiano y llevarlo a su vida, puedan, contando siempre con el tiempo que se precise, ser motor e impulso de muchas buenas y nuevas acciones cristianas.
Y ello va siendo posible, tan sólo, cuando los cristianos de siempre tratan de comprender la actitud de los recién llegados y saben esperar confiados y sin paternalismos, que vaya madurando su actitud de convertidos, pues casi siempre los árboles les parecen hombres y los hombres árboles; pero lo menos adecuado es aprovechar la ocasión para colocarles un tratado de botánica y otro de anatomía.

TU
que cuando “mandaban” los padres eras hijo, y ahora que “mandan” los hijos eres padre.

TU
que tal vez vives escandalizado, contrariado y confuso por tantas cosas que te parecen incomprensibles y no hallas la VERDAD porque no ha crecido contigo.

TU
que te dedicas a consumir como todos, o a presumir como unos cuantos, pero que puedes asumir, que es sin duda lo que te toca, como cristiano que has querido ser y has sido en tantas ocasiones.

El encontrarse con uno mismo.
El descubrir a los hermanos.
El toparse con Cristo.

el de entonces, de ahora y de siempre.

TU
que lo experimentaste en la primera hora,
a ti que te ha dolido más de una vez haberlo olvidado.

TU
que por no haberlo olvidado del todo, a veces te has debatido entre un puritanismo de herencia y un erotismo de préstamo, no te niegues a experimentar la alegría de una mayor profundización y el gozo de sentirte amigo de tus hermanos.
Si nos ponemos en comunicación contigo es porque tú eres un eslabón vivo de la cadena de realidades que ha hecho posible que los Cursillos llegaran a los cinco continentes.
Si te decides, no olvides que con tu presencia entre nosotros aumentarás nuestra alegría.

Nuevos documentos en la Fundación Eduardo Bonnín Aguiló

Nos inforpajaritalogo1man de que hay NUEVOS documentos colgados en el site de FEBA: